DISCURSO DE REINALDO EN PANAMÁ

Visión Sobre el Desarrollo Reciente de la República Dominicana y la Región, así como su Proyección de Futuro. ­

Disertación del Dr. Reinaldo Pared Pérez, Secretario General del Partido de la Liberación Dominicana, en la Conferencia organizada por la Fundación Museo Arias Madrid, de Panamá, de fecha 10 de mayo del 2006.-

  Estimados Señores y Señoras:

Ante todo quiero agradecer, en mi nombre y en el del Partido de la Liberación Dominicana, la oportunidad que nos ofrece La Fundación Museo Arias Madrid, en la persona de la Presidenta Mireya Moscoso, de exponer, ante este selecto público, las reflexiones que nos hacemos en el PLD sobre los retos futuros que tiene nuestra economía, para responder los desafíos del desarrollo de la República Dominicana y entrar exitosamente, en el complejo panorama mundial de internacionalización creciente de los mercados y la globalización de los procesos productivos.

La República Dominicana ha sido uno de los pocos países de América Latina, que ha logrado mantener tasas de crecimiento elevadas por un tiempo prolongado. Según estudios realizados, en el período comprendido entre 1950 y 2000, es decir, exactamente la segunda mitad del Siglo XX, el promedio anual del crecimiento per cápita de nuestro país, fue de 2.3%, que solo es superado en el Continente, por Brasil y por Trinidad y Tobago.

Incluso, en pleno período de sustitución de importaciones, cuando se fue configurando un complejo sistema de regulaciones y trabas al comercio exterior, el país pudo crecer a tasas altas en promedio, aunque con una elevada inestabilidad, ya que las disponibilidades de divisas eran muy dependientes de los precios de unos pocos productos tradicionales de exportación, como el azúcar, el café, el cacao y el tabaco, y algunas exportaciones de minerales.

El buen desempeño económico iniciado a partir de la segunda mitad de los años sesenta y que se mantuvo hasta la segunda mitad de los años setenta, fue declinando al acercarse la década de los ochenta, coincidiendo con un alza constante de la inflación, que hace crisis a mediados de los años 80. Esa década estuvo caracterizada, por sucesivos intentos fallidos por controlar la inflación y estabilizar la economía, lo que no fue posible sino hasta comienzos de los 90, cuando en el segundo gobierno del Presidente Balaguer del período denominado de los diez años, se impulsa el llamado Nuevo Programa Económico, que tuvo como pieza principal, el ordenamiento de las finanzas públicas y el desmantelamiento gradual de la compleja estructura de protección frente a la competencia externa.

Después del ajuste de 1992-93, la República Dominicana entra en un rápido período de expansión económica, acompañado por una serie de reformas en distintos ámbitos del funcionamiento de las instituciones públicas y privadas. Debido a ello, se adoptan reformas fundamentales para el desarrollo y crecimiento posterior, como fueron las reformas laboral, tributaria, arancelaria-aduanera, la del régimen de la inversión extranjera, y la de las empresas públicas, del sector de las telecomunicaciones, entre otras.

Todo ese proceso de desarrollo, se llevó a cabo en un contexto en el cual se estableció, como un prerrequisito fundamental para asegurar la buena marcha de la economía, la necesidad de mantener la estabilidad de las variables macroeconómicas. En ese sentido, un compromiso esencial fue, asegurar tasas de inflación por debajo de dos dígitos, en el entendido de que las altas tasas inflacionarias, constituyen el impuesto más odioso para la mayoría de la población. También se llegó a un acuerdo tácito, sobre la necesidad de una prudente política de endeudamiento y un manejo cuidadoso de las cuentas fiscales.

Sin embargo, en los años 2002 y 2003, el desempeño económico se deterioró significativamente, a partir de una “segunda generación de reformas”, que a todas luces resultaron inoportunas y contraproducentes, para el crecimiento económico. Esto se produjo, en un escenario caracterizado por una incoordinación de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria; por una política irracional de endeudamiento público y por una incontrolada política de gasto público, que contribuyeron a torcer el rumbo de la economía dominicana. A lo que se agregó, una crisis bancaria en tres importantes instituciones financieras del país.

Tras esa crisis, a finales del año 2004, la economía dominicana transitó hacia la recuperación del crecimiento, el cual se consolidó en el 2005 . Esta consolidación se mantiene en el 2006 y se proyecta a niveles similares al promedio registrado en el segundo lustro de la década de los noventa: 7.8 1%. Una tasa de crecimiento así, favorece el desarrollo social.

En ese sentido, la tasa de desempleo, que alcanzó niveles críticos a raíz de la crisis del 2003, se frenó con la recuperación y descendió. Entre Octubre del 2004 y Abril del 2006, la tasa de desocupación disminuyó de 19.7% a 16.4%. Lo que esto significa en términos de empleos, es que durante ese período se han creado 224,818 plazas, lo cual va en consonancia con el comportamiento exhibido por la economía.

La inflación, que es el indicador por excelencia de la estabilidad macroeconómica, fue puesta bajo control a partir del 2004. En el 2005, la tasa de inflación fue de 7.4% y para este año se proyecta entre 5 y 7%. También, las tasas de interés han descendido significativamente. Desde el 2004 hasta acá, la tasa activa acumuló una caída de 36.1%, mientras que la pasiva lo hizo 55.2%.

De igual manera, la tasa de cambio descendió y se estabilizó, propiciando certidumbre para los sectores y agentes de la economía. En el 2005, la tasa de cambio bajó 28% respecto del nivel promedio del año anterior, y sus movimientos en el 2006, han sido armónicos y moderados.

¿Qué factores explican esta rápida e importante recuperación? En primer lugar, una gestión de política económica del actual gobierno del Dr. Leonel Fernández, coherente con la recuperación y preservación de los equilibrios fundamentales de la macroeconomía; en segundo lugar, la confianza conferida por los agentes económicos a la nueva administración del Gobierno a partir de agosto del 2004 y; en tercer lugar, la recuperación y preservación de la estabilidad y el mejoramiento del clima de inversión en la economía dominicana.

Entre los elementos responsables del exitoso desempeño de la economía, están la ejecución de dos reformas fiscales en un período de 14 meses. La primera (octubre‘04), estuvo orientada a realizar un ajuste fiscal de un 3% del PIB, para disminuir el déficit fiscal, e incluyo: 1) aumento del ITBIS y de los impuestos selectivos al consumo del alcohol y el tabaco; 2) ajuste por inflación al impuesto a los combustibles; 3) reducción en los subsidios a la electricidad y focalización y limitación del subsidio al gas licuado y; 4) mayor cobertura de los impuestos a transacciones financieras.

La segunda reforma (diciembre ‘05), se implementó para compensar la pérdida potencial de ingresos, por la entrada en vigencia del DR-CAFTA. Incluyó: 1) sustitución de la comisión cambiaria por otros impuestos; 2) incremento transitorio en el Impuesto Sobre la Renta (de 25% a 30%); 3) aumento de la base de productos a los cuales se le aplica el Impuesto al Valor Agregado; 4) incremento en los impuestos selectivos al alcohol, cigarrillos, vehículos, productos derivados del petróleo, etc.

En el futuro inmediato, será necesario profundizar la reforma del comercio exterior, a los fines de asegurar mayores niveles de competitividad y cumplir con los compromisos contraídos por el país; será necesario, insistir en la reforma del sistema financiero dominicano, con miras a lograr mayores niveles de eficiencia y transparencia; será pertinente, consolidar la reforma de la seguridad social, como un instrumento que contribuya a lograr una sociedad mas cohesionada.

Por otro lado, una parte importante de la estrategia para asegurar una economía más competitiva, consiste en perfilar el rol apropiado del Estado, identificando las maneras en que el gobierno puede resultar más efectivo para complementar a los mercados. Un reciente informe sobre el Desarrollo Mundial preparado por el Banco Mundial, muestra que no son solo las políticas económicas y el capital humano, sino la calidad de las instituciones de un país lo que determinan los resultados económicos. Las instituciones determinan, en efecto, el entorno en que operan los mercados. Un entorno institucional débil, permite mayor arbitrariedad por parte de las agencias estatales y los funcionarios públicos.

Un aspecto vinculado con la educación, que es esencial para cualquier estrategia de desarrollo económico, es el relativo a la política de ciencia y tecnología. Los análisis sobre crecimiento económico, atribuyen la mayoría de los incrementos registrados en la renta per cápita, al mejoramiento del factor de productividad total. Un reciente estudio puso de manifiesto, que la renta per cápita de la Republica de Corea en 1990, habría sido de 2 mil 41 dólares de 1985, si se hubiera apoyado únicamente en la acumulación de capital, mucho más baja que la renta per cápita de ese año, que fue de 6 mil 665 dólares. La diferencia procede, del incremento de la cantidad de producto por unidad de insumo, lo que se debe en gran parte al mejoramiento de la tecnología.

De todo lo anterior se concluye que los retos que el país tiene por delante son muchos y que afrontarlos conllevará el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, la estabilidad institucional, la modernización del Estado, el mejoramiento de nuestra infraestructura y dar pasos concretos en la dirección de lograr la cohesión social.